29 octubre, 2020

¿Destruirá empleo la Industria 4.0?

Uno de los retos a los que nos enfrentamos las sociedades occidentales, es el hipotético desempleo masivo que traerá el avance de las máquinas inteligentes. Superados los límites físicos en anteriores revoluciones industriales, nos hayamos inmersos en el desafío de superar los límites mentales.

Factores como la mayor esperanza de vida, las menores tasas de natalidad, la globalización y competitividad entre países, sociedades y modelos de crecimiento, no ayudan al optimismo. Ante el inevitable avance del progreso, existen dos visiones enfrentadas: las máquinas llevarán a cabo todo el trabajo y la humanidad gozará de una calidad de vida nunca imaginado, frente al futuro de una sociedad controlada por las máquinas.

En opinión de muchos expertos, el futuro estará definido por personas y máquinas trabajando de forma colaborativa, incrementándose notablemente nuestra productividad. Los robots serán capaces de improvisar ante lo desconocido e interactuar con su entorno.  Se habla de robots co-workers, wearables (en un sentido más amplio del que conocemos ahora, por ejemplo, permitirán trabajar en condiciones donde el ser humano no pueda) y drones (superados las barreras legislativas).

Esta nueva forma de trabajo, podría aumentar la brecha entre ricos y pobres, países de habla inglesa y no (la mayoría de esta tecnología está desarrollada en esa lengua), y entre trabajadores con altos niveles formativos y aquellos con medios-bajos niveles. Esto implicaría la aparición de un nuevo concepto, el desempleo tecnológico: demanda de mano de obra altamente cualificada a costa de trabajadores con un nivel de cualificación medio o bajo.

Este cambio de paradigma económico-tecnológico precisará de trabajadores con mayor nivel de destrezas, capaces de aportar una sustancial de cantidad de valor añadido en un determinado proceso productivo en un corto espacio de tiempo.

Si estos cambios se “democratizan”, construiremos sociedades diversas con niveles de satisfacción y bienestar mas o menos equivalentes. Para ello, se debiera disponer de un acceso barato y universal a las principales tecnologías, un crecimiento verde y sostenible, pasar a una economía de lo intangible (servicios basados en conocimiento vs bienes) e inversión continuada en educación y formación.

El tiempo nos dirá cuáles de estas dos visiones, tecnoptimistas frente a los pesimistas laborales, triunfa. De momento, citando a  Erik Brynolfsson y Andrew McAfee, The Second Age of Machine: “El poder mental es al menos tan importante para el progreso y el desarrollo como el poder físico”.

koldoorrantia

Amplia experiencia profesional adquirida en la multinacional de IT Atos, realizando Dirección de Proyectos y Desarrollo de Negocio. He colaborado como analista en el Fondo de Inversión especializado en marketplaces y clasificados MERCURIUS Early Investment. En la actualidad soy Director en la consultoría estratégica DIPCOM Corporate, SL y cofundador de EKAI CAPITAL PARTERNS, SL.

Ver todas las entradas de koldoorrantia →

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: